A por ellos
Nos dolió a muchos oír el "a por ellos", en boca de cientos de personas exaltadas cuando fuerzas de seguridad del Estado español fueron enviadas a Cataluña a impedir la celebración del pseudo referéndum del 1 de octubre.
Nos duele, también
a muchos, el odio que se ha ido instalando a lo largo de estos últimos años
como consecuencia del procés, en las mentes y en los corazones de
un número no menor de españoles y españolas a lo largo del territorio
peninsular contra todo lo que huela a catalán.
Nos duele a
demasiados, la intransigencia de unos y la irresponsabilidad de los otros en
todo este asunto. Un asunto que, hasta el momento, no parece entrar en la vía
de la racionalidad.
Nos ha dolido, y no
a pocos, que en las elecciones autonómicas del 21D, un partido como Ciudadanos
se haya encaramando a lo más alto de las preferencias ciudadanas y haya ganado
las elecciones en Cataluña. Un partido reaccionario, donde los haya, que no
aporta soluciones al conflicto, sino que añade más leña al fuego.
No dejamos de
sentir dolor por aquellos que, injustamente, permanecen encerrados en la cárcel por
delitos que no son tales, sin haber sido juzgados
La razón de la
sinrazón, campando a sus anchas.
Sin embargo, no
todo está perdido. En España no todo es odio. Hay, sí, una España que no se
deja manipular por el discurso oficial (visceral) del "a por ellos",
que entiende perfectamente que Cataluña merece ser tratada con justicia,
que merece ser escuchada, que necesita una salida digna a sus reclamaciones
(históricas), que anhela ser comprendida. Pero el ruido es ensordecedor y no
nos deja oír el mensaje de apoyo y comprensión que nos llega desde el otro lado
del Ebro. Y, para muestra, un botón. Ha llegado hasta mi poder un vídeo de
una chirigota de Cádiz. Es un mensaje de solidaridad y de comprensión, pero
también de crítica acerada contra aquellos que, envueltos en banderas, se han
olvidado de los temas que nos acucian de verdad: el paro, los recortes, la
corrupción, la violencia machista...
No es suficiente,
claro está, una chirigota para cambiar el rumbo de los acontecimientos, pero
sirve para que nos demos cuenta de que al otro lado, también hay gente que está
de nuestra parte (atención a la ovación atronadora del público una vez acabada
la chirigota). No perdamos la esperanza.
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